23 noviembre 2013

EN TUS OJOS...

"Un paso o dos antes del lugar donde tengo de meditar o contemplar, me pondré en pie, por espacio de un Pater noster, alzando el entendimiento arriba, considerando cómo Dios nuestro Señor me mira" (EE. 75)

Solo en tus ojos puedo leer
quién soy y lo que valgo,
mientras las demás miradas
me zarandean en el vértigo
del abismo o de las cumbres.

Solo en tus manos crecer
tiene el ritmo justo
del sol en el oriente
o de la madera en el tronco
bajo la cáscara cómplice,
mientras me quiere absorber
el instante digital
donde le vértigo seduce.

Solo tu presencia,
tus tiempos y tus ritmos,
sin ansia ni porfia,
despiertan mi secreto
de mi vida interminable,
donde mi futuro
brota de tu misterio
sin deudas y sin ancla.

*Tomado del libro La Pascua de los Sentidos.
de Benjamín González Buelta.
ST  318

MIRADA CONTEMPLATIVA....

Impresionante imagen: Carmen Guisasola y Andoni Alza, exmiembros de ETA.

Estuvieron presentes en el pasado homenaje a una víctima de la violencia de ETA; y se acercaron a la viuda Rosa Rodero, con la cual hablaron y  también abrazaron.

(...) La debilidad nos relaciona hondamente con los demás. Nos permite sentir con ellos la condición humana, la humana lucha y oscuridad y angustia pidiendo salvación...
(...)Reconocer los signos pequeños de Dios en la historia, acogerlos, dejarse asombrar y contar lo sucedido a los demás, es darle un "brazo" a Dios, para que actúe con su poder de liberación en la historia. *

* (texto recogido de la adaptación "Lleno de Debilidad o Flaqueza humana". -Michael J. Buckley .) Tomado del curso de espiritualidad ignaciana:  En todas las cosas.
Un poderoso sultán viajaba por el desierto, seguido de una larga caravana, que transportaba una pesada carga de riqueza en oro y objetos preciosos. A mitad del camino, cercado por el fuego de los arenales, un camello, extenuado, cayó para no levantarse.


El arca, que transportaba sobre sus espaldas, crujió y se deshizo dejando esparcidas sobre arenas joyas y brillantes.

El príncipe no teniendo con qué recoger el precioso caudal, hizo un gesto entre displicente y generoso, invitando a sus pajes y criados a guardase lo que cada uno podía cargar sobre sí.

Mientras estos se abalanzaban con avidez sobre el rico botín para buscar entre los granos de arena otros granos que brillaban un poco más, el príncipe siguió adelante su camino por el desierto.

De pronto, escuchó los pasos de alguien que caminaba a sus espaldas. Volvióse y advirtió que era uno de sus pajes que le seguía, jadeante y sudoroso.

- Y tu – le pregunto -, ¿no te quedas a recoger nada?

El joven respondió con sencillez llena de distinción:

- Yo sigo a mi Rey.