31 julio 2015

Con otra mirada...

Se llama Iliana, es de Rumanía. La conozco desde hace tres meses, cuando salgo del supermercado del barrio me paro siempre con ella a charlar. 
Desde el principio algo en ella me llamó la atención. Su refinada educación, su esfuerzo por hablar castellano, su DIGNIDAD. Siempre me dice: no pido comida, solo un trabajo. Me llama María o "amiga", imagino que son palabras más fáciles.

Cuando me paro con ella, siempre me sorprende algo: se incorpora, se pone en pie y me saluda con dos besos. Lo hizo desde el primer día, en que me habló de su familia, de su llegada a España, de la falta de trabajo desde hace años. Antes trabajó en el servicio doméstico, gracias a unas hermanas que se dedican a dignificar este sector tan desconocido de la población. (Las Religiosas de María Inmaculada).

Me sigue hablando de sus hijas, de su hija adolescente que ahora también es madre ... de la dificultad de sacar a todos adelante.
También yo le cuento de mí, que busco trabajo... y cada día que nos encontramos me pregunta "¿amiga has encontrado trabajo?".

Hacía tiempo que no la veía, la última vez me dijo que un señor, la contrató para trabajar en un bar una horas, lo cual celebramos juntas. Su rostró curtido por el sol y la calle, se tornó en sonrisa por unos instantes...

Ayer la volví a ver, me saludó como de costumbre y me dice qué tal amiga... me cuenta que estuvo en su país, viendo a su hija y a su nieta, dando una "vuelta" a la familia....
Me dice que lo del bar era una estafa, le daban 3 euros la hora... (algo se rompe dentro de mí al escucharle, me dice que lo dejó, que eran demasiadas horas para poco dinero...).

Me hace señas, señalando a dos compatriotas que buscan en el contenedor de enfrente, y me dice... "yo nunca haría eso", busco un trabajo, ni siquiera pido comida, aunque me dan... pero nunca haría, eso... lo respeto. Pero tengo una dignidad.

Seguimos conversando un rato, no sé ni como puedo contener la emoción que me ha provocado sus palabras, nos despedimos como cada día deseándonos suerte.


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Playa de la Caleta, en la zona residencial de La Malagueta, una de las zonas de más nivel económico de Málaga.  Tarde de paseo, de lectura y de reposo frente al Mediterráneo...

El paisaje es impresionante, el mar..., yo, que soy tan de Madrid siempre me he quedado cautivada por el mar... por toda su evocación, de misterio, de profundidad, de calma, de PALABRA DEL CREADOR....

Sigo contemplando, el atardecer comienza a teñir de colores el horizonte... azul, rojo, morado, violeta, se confunden con una incipiente luna llena y un plateado reflejo en el mar.

De pronto, un chico no para en su trabajo rutinario, va y viene sin parar.... 

Comienza a apilar hamacas, y a recoger sillas y mesas de un chiringuito cercano. 

Contemplo su agilidad, su destreza, su fuerza... Su cuerpo musculoso por el trabajo y su bronceado por el sol.

Le observo sin que se sienta mirado, no para ni un momento, de un lado a otro: cargando, limpiando, apilando... 
Las mesas apiladas le sobrepasa en dos alturas... veo el esfuerzo que tiene que hacer, ahora lo mismo con las hamacas que tiene que poner en pie y colocar encajadas unas en otras, de entre las hamacas, tira con fuerza y saca una cadena gruesa, que a modo de serpiente, con mucha fuerza enrolla sujetando todos los artilugios de la terraza. 

Vuelve donde las mesas apiladas y las sillas y comienza a trasladarlas a un "chiscón" en el que con dificultad empieza a meter todo lo apilado. Se acerca a la ducha, llena por tercera o cuarta vez un cubo de agua y escurre la bayeta, retorna a las hamacas, sigue limpiando.

Me acerco y le ofrezco un par de chocolatinas y una lata de refresco. 

Me sonríe, se quita los cascos... y en un andaluz, gracioso me dice: "No grasias... hoy voy rápido y prefiero irme pronto, ya he tomado tres botellas de agua en lo que llevo de día..., ya deseando llegar a casa, pero ojo, que no me quejo eh!! que es un buen trabajo después de dos años en paro..., gracias, tengo que seguir".

Antes de despedirme le pregunto su nombre y le valoro su destreza y trabajo bien hecho....

exelentes tumbonas en la playa Los Álamos




Me vuelvo a sentar en la playa, mirando el mar, la luna, dejándome envolver por la luz... y una vez más por el misterio de TANTAS VIDAS QUE ME ENCUENTRO y me hablan del EVANGELIO, y estoy segura que ellos no lo saben. 


Hoy día de S. Ignacio descubro un día más aquello de:

"EN TODO AMAR Y SERVIR". 


"Descubrir y AMAR a Dios en todas las cosas,
y en todas las cosas a Dios".