09 agosto 2014

1000 KM por una SONRISA

La sonrisa de un niño recompensa un viaje de 1.000 kilómetros



 Esther y Alejandro, dos jóvenes de Santander, ayudan a Cáritas en sus colonias urbanas en Melilla


“Me enamoré de los niños el primer día que participé en las colonias. De eso hace ya cuatro años. Por eso he repetido la experiencia cada verano”. De esta forma justifica su viaje de 1.000 kilómetros y los cerca de 300 euros que se gasta cada mes de julio para venir a Melilla desde Santander. Esther Fernández es una monitora voluntaria en de las colonias urbanas de Cáritas. Llegó hace cuatro años a la ciudad para participar en este campamento y desde entonces regresa cada verano. La sonrisa de un niño compensa tantos kilómetros y el dinero que invierte para estar en esta actividad solidaria.
Esther tiene 23 años y estudia Educación Infantil. En 2010, el primer año que estuvo en Melilla, pensó que sería una buena experiencia participar como voluntaria en este proyecto de las hermanas de María Inmaculada. Ella había estudiado en un colegio de esta congregación y quería conocer más de cerca la labor de las religiosas. Explica que está en contacto con ‘sus niños’ durante todo el año a través del móvil o las redes sociales. Para ella son sus “hermanos pequeños” y ellos demandan no sólo su cariño en cada mensaje, sino también sus consejos. Les cuida en la distancia y quiere seguir viniendo a la ciudad para atenderles ‘en directo’ durante las dos semanas de campamentos.
Esta joven no es la única voluntaria procedente de la otra punta de España que elige compartir su tiempo y su dinero con los niños en riesgo de exclusión social de Melilla en lugar de irse de conciertos o a la playa con sus amigos. Alejandro Ruiz también es de Santander y éste es el segundo año que participa en las colonias urbanas de Cáritas.
¿Por qué?, le preguntamos. Y responde: “¿Por qué no?”. Le encanta entretener a sus sobrinas y siempre ha sentido mucha empatía con los niños. Estudia en un colegio de María Inmaculada y allí oyó hablar de estos campamentos y de que necesitaban voluntarios, así que no se lo pensó dos veces y se embarcó en “esta aventura”.
El año pasado llegó con la idea de ver si servía como monitor y si realmente podría aportar algo a los pequeños que participan en las colonias. Este verano ha vuelto para comprobar si el trabajo educativo que hizo en 2013 sirvió para algo. Y está feliz. Los niños que cuidó el año pasado le conocen y siguen poniendo en práctica sus enseñanzas. Le encanta que le llamen maestro y asegura que no va a dejar de participar como monitor en las colonias. “Me tendrán que echar a patadas”, asevera.
Otra joven que ha destinado unos 300 euros a viajar desde Castilla-León hasta Melilla es Paula Sango, de 20 años. Es la primera vez que pisa una colonia urbana de Cáritas y está muy sorprendida. Estudia Enfermería y nunca había pensado en ser voluntaria, pero en su residencia de estudiantes, en Pamplona, que pertenece a congregación de María Inmaculada, le hablaron de este proyecto y pensó que se sentiría más útil echando una mano a las religiosas que quedándose en el sofá este verano. Es monitora de niños entre los 7 y los 10 años y está encantada con ellos. Afirma que desde el primer momento se encariñaron con ella.
De ‘usuario’ a monitor
También colabora con las religiosas y con Cáritas Mohamed Ouchani. Tiene 19 años y él fue hace unos años uno de los niños que participó en estos campamentos. Quería devolver el amor y el cariño que recibió de sus monitores convirtiéndose en uno. Sus padres están muy orgullosos de él. Resalta que son tantos los buenos momentos que pasa en las colonias, que no podrá desvincularse nunca de este proyecto.
En total, las religiosas de María Inmaculada cuentan con 38 voluntarios, 17 de ellos de Melilla, para atender a los niños que participan en las colonias de Cáritas y en los talleres que durante todo el día se imparten en su sede.


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EL PADRE ÁNGEL, MENSAJEROS DE LA PAZ EN MELILLA

El Padre Ángel visita el CETI y asegura que "los inmigrantes que están en Melilla no han venido a hacerse ricos. Solo quieren vivir"

Ha reiterado su petición de que se retiren las concertinas de la valla

/ Autor: Mensajeros de la Paz
"Los inmigrantes que están en el CETI de Melilla tienen caras alegres, como si hubieran alcanzado la Tierra Prometida. No vienen a hacerse ricos, solo quieren vivir". Estas son las palabras del Padre Angel, presidente de Mensajeros de La Paz, tras una visita realizada al centro donde permanecen acogidos más de 1.900 inmigrantes.

El padre Angel, acompañado del director de las instalaciones, ha hecho un recorrido por el Centro de Estancia Temporal de Melilla donde ha podido comprobar las condiciones en las que viven estas personas, en su mayor parte jóvenes.

Del mismo modo, el padre Ángel ha podido comprobar las condiciones de los alojamientos provisionales facilitados por Cruz Roja y el Ejército, donde conviven actualmente cientos de inmigrantes, algunos de los cuales le han contado las duras experiencias que han vivido hasta llegar a Melilla.
Una de las personas con las que ha podido hablar ha sido una mujer de 21 años que llegó hace algún tiempo y que ahora espera el paso de su marido que sigue en Marruecos.



/ Autor: Mensajeros de la Paz
El padre Ángel también visitó al obispo Ramón Buxarrais quien vive desde hace unos años en Melilla, con el que departió sobre la situación de los inmigrantes. Así, ha definido al obispo emérito de Málaga como un fiel discípulo del Papa Francisco.

También se entrevistó con el vicepresidente de la Ciudad Autónoma de Melilla, Miguel Marín, con quien ha coincidido que la Unión Europea debe prestar apoyo para solucionar la situación que se produce en la actualidad en Ceuta y Melilla. El presidente de Mensajeros de la Paz ha pedido una vez más a Marín que se quiten las concertinas de las vallas que no sirven para nada y que lo único que logran es que los inmigrantes lleguen al centro de estancia con el cuerpo acribillado a cuchilladas.

Como balance de su visita, el Padre Ángel ha señalado que se va triste por ver el elevado número de personas que están en el centro, pero satisfecho al ver la cara de esos jóvenes “que parece que han conseguido una gran meta”. Así mismo ha destacado el esfuerzo que hacen el director y el personal del centro de acogida para que estas personas estén en las mejores condiciones posibles. "Les dan lo mejor de su trabajo", ha añadido.

El padre Ángel ha insistido en que va a pedir cuantas veces pueda que se retiren esas cuchillas que atentan contra los derechos humanos. "Hemos visto decenas de jóvenes con heridas producidas por estos cuchillos que no impiden nada", ha añadido, y ha explicado que un haz de un helicóptero en la noche es más eficaz que esas navajas "y que no vengan con tonterías de que si las puso uno o las puso otro. !Que las quiten!. Se les tendría que caer la cara de vergüenza".


Por último, durante su estancia en Melilla, el sacerdote también ha visitado un centro de las Hermanas de María Inmaculada que trabajan en uno de los barrios musulmanes de Melilla prestando apoyo a niños y mujeres y que luchan por hacer la vida más fácil a los habitantes de esta zona castigada por la crisis económica.























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EN CONVIVENCIA

LAS MONJAS DEL BARRIO MUSULMÁN


"La Iglesia en Melilla está al servicio del mundo musulmán", dijo el obispo emérito al Padre Ángel antes de despedirse.
 Una afirmación que en principio puede parecer chocante, pero que se concreta en el rostro de Sor Mercedes, superiora de las Hermanas de María Inmaculada.

En Melilla se las conoce como "las monjas del barrio musulmán" porque atienden un centro en el Monte de María Cristina, en uno de los barrios más pobres de la ciudad, con un 80% de población musulmana.

Allí las religiosas dan alfabetización a mujeres adultas, apoyo escolar a niños, talleres de fomación, comidas y desayunos. Cuidan con cariño las modestas instalaciones en las que cada vez tienen que dar acogida a más personas, y dicen sentirse muy integradas en ese barrio de Melilla donde, ayer viernes, sonaba el canto del muhecín llamando a la oración.


"La gente nos quiere porque nunca hemos intentado convertir a nadie", dijo Sor Mercedes, camuflándose de nuevo, con su cofia católica en la cabeza, entre los velos musulmanes de las madres a las que ayuda su congregación.


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