09 noviembre 2008

HASTA ABRAZARNOS

Cada mañana temprano, me enteré después, salía a buscarte, y tú, mientras tanto, justificando tu regreso.

Cuánto tiempo gastado en argumentar acciones, cuanta vida perdida bajo el temor, qué lejos estabas de imaginar lo que deseaba tu vuelta; ni siquiera yo comprendía lo que llegó a sufrir durante tu ausencia, sabía poco de su corazon...

Desde que tú te fuiste te cerré definitivamente la puerta de casa, confieso que no me importaba tu situación, tenías lo que habías buscado...
Recuerdo tanto aquel día, yo volvía del campo cuando oí la música, y la alegría.
No me lo podía creer, ¡no era justo!.
Me contaron que fue corriendo hacía tí en cuanto te vio aparecer, con el riesgo de haberse caído con lo mayor que está ya, que te cubrió de besos, que no te dejó dar explicaciones.
Y te hizo aparecer hermoso y muy amado a los ojos de todos: el mejor vestido, las sandalias, el anillo... y una fiesta desmedida.
Tú, desbordado por la acogida, sólo sabías llorar, pronunciar su nombre y mirarle a los ojos como nunca lo habías hecho. Creías que te iba a recibir como jornalero y te baña en el gozo del hijo predilecto... ¡qué poco conocíamos su corazón!...

Yo, sin ganas de verte, dolido ante la desmesura, me puse a pedirle cuentas
del por qué de tanta dicha.

Eras su hijo, pero no mi hermano. Hasta el novillo cebado había matado para tí. Y yo viviendo en casa, no había podido disfrutarlo... creo que fue entonces cuando empecé a intuir algo:
"Tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo - me dijo - pero convenía alegrarse ... porque este hermano tuyo estaba perdido y ha sido hallado".
Y me di cuenta, de pronto, de que yo estaba mucho más perdido de lo que habías estado tú, mucho más muerto; ciego para celebrar tu vida recobrada, con el corazón endurecido por el cumplimiento y embotado por la costumbre, cerrado al asombro y al agradecimiento...
Tú habías malgastado lo suyo, pero yo ni siquiera había sido capaz de reconocerlo, sentí tanta necesidad de dejarme perdonar, de salir yo también corriendo hacia él y hacia tí...
Ahora sé que incansablemente, día tras día, con una paciencia inagotable y confiado, EL PADRE aguarda hasta que queramos volver y ésta es su alegría.

ÉL NOS ESPERA HASTA ABRAZARNOS....

*** A veces, bebemos de diferentes fuentes, y luego no sabemos hacer mención.

Esto me ha ocurrido con este relato. Lo recogí aquí hace ya unos años, y hasta hoy no he descubierto a su autora. Hoy leyendo "La voz, el amigo y el fuego", descubro que la autora es Mariola López. y quiero una vez más agradecerle su "palabra" en mi camino. (26.08.2012) 



No hay comentarios :